

....para mis queridos alumnos de decoración , y para todos aquellos que la cerámica sea su pasión....
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POR BEATRIZ SARLO
Beatriz Sarlo es Licenciada en Letras de la Universidad de Buenas Aires desde 1984 enseña literatura Argentina del siglo XX en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Escritora conocida por sus ensayos sobre contextos culturales actuales.
Trataré de exponer, muy sucintamente, dos cuestiones: una nos remite a la configuración cultural de la década del 60; la otra nos obliga a hipotetizar; sobre el futuro.
La primera cuestión podría definirse como la crisis de los lugares autorizados de enunciación. Los jóvenes de los 60 buscamos el estallido de esos lugares autorizados porque considerábamos que, por el hecho de ser autorizados, definían una relación de poder y un discurso autoritario. En algunos casos no nos equivocábamos, pero la generalización era exagerada y no permitía captar matices. Los jóvenes de los 60 practicábamos una especie de foucaultismo sin saberlo; todo lugar desde donde se emitía un discurso era caracterizado como autoritario. También fue decisiva la crítica a la jerarquía de los saberes, realizada por el gran pedagogo brasileño Paulo Freire que desarrolló nuevas propuestas para la educación de adultos. Freire fue el primero que propuso una serie de cambios en la forma en que se alfabetizaba a los adultos campesinos y sostuvo que el rol del maestro alfabetizador y el rol del campesino no podían ser considerados desiguales: cada uno llevaba su saber, y esos saberes tenían la misma jerarquía, aunque los contenidos fueran diferentes.
Esta perspectiva de Paulo Freire, que fue revolucionaria en la alfabetización sobre todo de comunidades rurales y de comunidades de recientes migrantes urbanos, desbordó hasta la escuela para los niños y jóvenes, y desbordó los métodos de esa escuela. Freire, con su concepción de la simetría absoluta entre alumno y maestro, con sus experiencias con adultos campesinos, influyó muy fuertemente las tendencias democráticas y populistas de la ideología escolar. De la igualdad entre alfabetizador y alfabetizado (que era, no hay que olvidarlo, un campesino adulto), se pasó a una fantasía de simetría entre maestro y alumnos. En esta fantasía de simetría, donde todos enseñan y aprenden mutuamente y no hay diferencia de trasmisión, naufraga no sólo el autoritarismo, sino también el discurso mínimamente autorizado. Los maestros y las maestras no saben, ni pueden, ni quieren construir en la escuela un lugar autorizado no autoritario.
No es Freire el único responsable de esta transformación, sino que ella se va combinando con otros procesos que se están dando en la sociedad. En las familias de los años 60 en adelante, sobre todo en las capas medias urbanas argentinas, tan cuidadosas en seguir las modas, comenzó también a erosionarse la idea del lugar autorizado desde donde enunciar un discurso. Así llegamos a cierta idea de escuela, que describió Jaime Etcheverry; donde se escuchan las palabras de una ministra de educación que le dice a los estudiantes que ella se compromete a que se enseñe sólo aquello que les sirva y sólo aquello que les interese, lo cual ya es una contradicción en la misma fórmula. Porque una escuela que enseñe únicamente lo que sirva para el mundo del trabajo no puede comprometerse a enseñar sólo lo que les interese a los estudiantes. Pero además es una contradicción moral: si se busca que la escuela prepare para el mundo del trabajo, ella debería preparar para la rutina, la repetición y lo gris, y no -como dijo Jaime Etcheverry- para el show business y el espectáculo. Porque el mundo del trabajo, para la inmensa mayoría de las personas, es rutina y es repetición, con algún relámpago de innovación el día que llega un nuevo software para. la computadora.
No creo que la escuela tenga que preparar para eso. Creo que la escuela de una República democrática tiene que hacer posible la trasmisión de principios de saber y ciudadanía. Es más importante eso que enseñar una rutina de computación que, cuando esos chicos lleguen al mundo del trabajo, va a ser obsoleta. La escuela tiene que repartir un saber amplio, científico y humanístico y no ser una. agencia de repetición de las necesidades de un capitalismo que, en la Argentina, tampoco está en condiciones de decir muy bien qué necesita. Cuando hablamos del trabajo en el siglo XXI -y éste es otro de los mitos que se mencionan, sobre todo por la TV, que siempre quiere consolarnos- imaginamos trabajos extremadamente variados y creativos. El trabajo no es así, y si bien no estamos frente a las formas del trabajo de la Revolución Industrial, el trabajo no es extremadamente versátil ni extremadamente creativo. Cualquiera que esté trabajando efectivamente sabe que entrar datos en un programa de computadora es lo opuesto a un trabajo variable y creativo; tampoco dar clase, ya que ser profesor y tener que enfrentarse año tras año con la misma rutina de los exámenes parciales y finales, la organización de la. cátedra y la preparación de los programas, no es pura creatividad Hay algo en la etnografía misma del trabajo que supone e impone la repetición. Ni siquiera el arte es pura innovación.
Todos estos problemas son los que tiene que enfrentar una institución, para retomar aquello con lo cual había comenzado, una institución que ha perdido junto con su autoritarismo su autoridad. Esto también le pasó a la familia; y les pasó a las iglesias, erosionadas por las nuevas religiones del yo. Procesos similares tuvieron lugar en todas las instituciones que fueron autoritarias y que en un camino positivo de liberación perdieron su autoritarismo, pero también perdieron su capacidad de enunciar discursos autorizados. Ninguna madre de capas medias de Buenos Aires, correctamente psicoanalizada, enunciaría un discurso autoritario frente a su hijo y ninguna maestra del Bayard lo enunciaría frente a sus estudiantes. Todos nos hemos entrenado en el relativismo valorativo, que erosiona el autoritarismo de los discursos.
¿Cómo hacer para construir? Este es el desafío del futuro y se relaciona con los nuevos escenarios que mencionó Miguens. ¿Cómo hacer para construir en repúblicas democráticas espacios donde no se tenga una noción plebeya de la democracia, esto es, donde no se piense que una maestra que ha estudiado los problemas de aritmética, de lengua, de historia y sus alumnos de ocho años tienen saberes simétricamente intercambiables? ¿Cómo conservar una actitud de respeto hacia el otro, porque el otro es djferente y no porque sea igual? ¿Cómo crear un escenario democrático, igualitario, que admita que hay asimetrías específicas? Este es un serio problema de la educación.
El otro problema, más serio todavía, es de naturaleza socioeconómica, se trata del acceso a las posibilidades educativas que nos preparan para el próximo siglo. Creo que la Argentina está llegando pésimamente al próximo siglo, pero no por falta de computadoras. Habría que discutir cuántas computadores necesitamos y cuáles. La Argentina llega mal al siglo XXI, por la crisis de la escuela en impartir aquellos conocimientos que estaban garantizados por esa misma escuela en las tres primeras décadas del siglo XX. Las estadísticas del Ministerio de Educación señalan que en la década de 1920, en las grandes ciudades y, sobre todo, en las ciudades del litoral, estaba casi solucionado el problema de la alfabetización; los hijos de los inmigrantes se estaban alfabetizando exitosamente y la escuela pública primaria era demasiado norma1izadora, homogeneizadora y nacionalizadora, pero construía saberes y los trasmitía a los futuros ciudadanos y a las mujeres, para las que la escuela era un camino de independencia. Lo que se perdía por el hecho de que a los chicos polacos, judíos, rusos, hijos de italianos o de españoles no se les respetaban las diferencias culturales, se ganaba por el acceso a la ciudadanía y a las destrezas de la lectoescritura. A través de ellas, las masas entran al sindicato, entran al periódico sindical, entran al partido político.
Hoy llegamos al siglo XXI con una escuela, que a mí me importa bien poco cuántos computadores tenga, porque es más difícil enseñar y aprender a leer bien que a usar un programa de juegos didácticos en la computadora. Lo que hay que saber es leer y escribir, porque esa es la llave para entrar verdaderamente al mundo del software: Quien no sepa leer y seguir un sistema de instrucciones escritas muy complejas, estará perdido o deberá aprender par imitación como si fuera un analfabeto. Quien no sabe leer los manuales que vienen con el software es un analfabeto informático. En otro momento podemos hablar de la realidad virtual, de la telepresencia y de las computadoras, todas cosas que me divierten, pero creo que las cuestiones centrales pasan por otro lado.
Finalmente, hay otro problema de la educación pública que no es pedagógico ni cultural: decenas de miles de niños en la Argentina van a la escuela a comer y no a aprender y por eso hay menos deserción, porque la escuela retiene a los hambrientos. Se está debilitando la formidable máquina de transmisión de la lectura y la escritura, que es la llave de cualquier otra revolución tecnológica y éste es el problema que tenemos que resolver en los primeros años del siglo XXI. Para hacerlo, los maestros no deben ser ni los peores pagados en el empleo público, ni los cocineros de las escuelas rurales o de villa.
Exposición Carrera de Auxiliar en Decoración
MUESTRA DIDÁCTICA
TÉCNICAS DECORATIVAS
ESCUELA DE CERÁMICA 1
Bulnes 45 Capital Federal
DEL 2 DE OCTUBRE AL 19 DE OCTUBRE DE 2007
Prof.: Stella Maris LABORET *
Prof.: Viviana AFONSO *
Prof Viviana BARONE *
Prof.: Cristina BURGOS
Diseño Gràfico: Andrea R. Milco – Taller Decoración 1º Año Turno Tarde.
ALUMNOS EXPOSITORES
1° año turno tarde
ANGULO Susana
ARTESI, Norma
BERMANN, Susana
CARABETA, Adelia
CHERNIS, Diana
COSTA, Graciela.
DELLACASA, Sonia
DIEZ, Alba
FERRER, Susana
GAYONE, Patricia
IDONE, Graciana
LANCELLOTTA, Anna
MICHELI, Norma
MILCO, Andrea
MOYANO, M Cristina
POLACINO, M. Celeste
SANSONE, Inés
SIRNA, Mirta
TRABA, Lea
1° año turno noche
APOLINO, Marina
BENEDICTO, Patricia
CHICA, Rita
NUÑEZ, Sara
RUIZ, Guido
RES, Andrea
2° año turno tarde
ANDRADA, Inés
BIANCO, Susana
CAVADINI, Maria
FEIG, Sara
GAMLIL, Daniel
GATTI, Renata
GONZALES HERNIN, Marcela
GROSSO ,Teresita
ILACQUA, Ana Maria
KRUPNIK, Andrea
LUCAS, Patricia
MAIOCCO ,Graciela
NOGUEIRA, Graciela
SANSONE, Antonia
TODARO, Osvaldo
Para pensar en la tecnología y su aplicación en la educación, la Prof. Diana Ruy de REPORTE nos acercó este artículo que me parece muy pertinente para comenzar este nuevo desafío de mejorar nuestras prácticas pedagógicas a las puertas del Siglo XXI.
Gracias a todos mis maestros por enseñarme siempre a dar lo mejor!!
Cristina Burgos
Publicado en la ed. impresa: OpiniónLunes 21 de mayo de 2007
Noticias Archivo Lunes 21 de mayo de 2007 Opinión Nota
¿De qué sirve el profesor?
Por Umberto Eco Para LA NACION
¿En el alud de artículos sobre el matonismo en la escuela he leído un episodio que, dentro de la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de la impertinencia... pero que se trata, sin embargo, de una impertinencia significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le había dicho: "Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?" El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación pero sobre todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar. De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía una idea imprecisa de Dresde y sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la época de la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras que mis hijos han visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo era un Tyrannosaurus rex y finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las células madre, pero las ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no hablaba siquiera la profesora de ciencias naturales. Entonces, ¿de qué sirven hoy los profesores? He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela. Y si alguien objetase que a veces también hay personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis de temas de actualidad), es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. Los medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión? Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo necesitaba porque ahora existían la radio y la televisión para decirle dónde está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir, no le estaba diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de manera casual y desordenado cada día en diversos medios –que sepamos mucho sobre Irak y poco sobre Siria depende de la buena o mala voluntad de Bush. El estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran Madre de todas las enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los treinta años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares. Le estaba diciendo que la información que Internet pone a su disposición es inmensamente más amplia e incluso más profunda que aquella de la que dispone el profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice "casi todo", salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información. Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales). El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones. El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo. La Nacion/L’Espresso (Distributed by The New York Times Syndicate) (Traducción: Mirta Rosenberg) Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/910427